El término misoginia está compuesto por la raíz griega miseo, que significa odiar, y gine que se traduce como mujer. Se trata de un concepto que hace referencia al odio, rechazo, aversión o tendencia ideológico-psicológica a despreciar a la mujer.
La creencia según la cual se considera al género femenino inferior al hombre, tanto biológicamente, como intelectual y moralmente, justifica el mantenimiento de una actitud de odio a la mujer que se ha mantenido a lo largo de la historia en todo el mundo. Desde la Grecia clásica, hasta nuestros días, y desde la Iglesia, hasta la psicología moderna.
La misoginia se entiende como un “prejuicio de género contra la mujer” que se manifiesta de varias formas, aunque todas le relacionan entre sí:
La misoginia no es un fenómeno reciente, diversos estudios han tratado de hallar las razones históricas, sociales, políticas o psicológicas que subyacen esta hostilidad hacia el género femenino.
En origen, la aversión hacia las mujeres suele atribuirse al pensamiento griego en base a la lectura de autores como Aristóteles o Sócrates. En el curso de los siglos, la misoginia se ha ido extendiendo a todas las culturas y se ha reforzado de la mano de varias religiones, calando en el pensamiento y en la sociedad. A continuación, se expone una serie de citas, clara manifestación de cómo se ha construido e impulsado el desprecio a lo femenino:
“La naturaleza sólo hace mujeres cuando no puede hacer hombres. La mujer no es más que un hombre incompleto. Una especie de error de la naturaleza; la hembra es hembra en virtud de cierta falta de cualidades.” Aristóteles, filósofo griego, siglo IV a.C.
“Temed el amor de la mujer más que el odio del hombre.” Sócrates, filósofo griego, siglo V a.C.
“La mujer es de lo más corrupto y corruptible que hay en el mundo.” Confucio, filósofo chino, siglo V a.C.
“La mujer es inferior al hombre en todo.” Flavio Josefo, historiador judío, siglo I.
“Soberana peste es la mujer, dardo del demonio. ¡Por medio de la mujer el diablo ha triunfado de Adán y le hizo perder el Paraíso!” San Juan Crisóstomo, patriarca de Constantinopla y padre de la Iglesia, siglo IV.
“La anatomía es el destino. Las niñas sufren toda la vida el trauma de la envidia del pene tras descubrir que están anatómicamente incompletas” Sigmund Freud, padre del psicoanálisis, siglo XX.
En psicología social se han analizado las actitudes misóginas en dos direcciones, desde un punto de vista tridimensional (Rosenberg y Hovland, 1960) y unidimensional (Fishbein y Ajzen, 1975). El sexismo sería, desde la perspectiva tridimensional, una respuesta (cognitiva, afectiva y conductual) ante una persona por el simple hecho de pertenecer a un sexo biológico; y desde un modelo unidimensional, estaríamos hablando del sentimiento relacionado con creencias sexistas y con una intención de comportamiento discriminatoria.
Algunas propuestas (Glick y Fiske, 1996) distinguen entre:
Hoy en día estos comportamientos siguen presentes, como puede verse en los medios de comunicación, y reciben la denominación genérica de violencia de género. Ciertas hipótesis y algunos estudios sostienen la vinculación entre las actitudes y creencias misóginas y la violencia de género, esto es, que ese sentimiento de odio a la mujer podría constituir un factor explicativo importante en los casos de violencia de género que, principalmente, se distinguen en tres tipos:
El fenómeno de la misoginia no siempre se presenta de forma visible, muchas veces se encuentra oculto en determinadas formas de comportamiento. En este sentido, existe la denominada violencia simbólica (Pierre Bourdieu, 2000). Precisamente, la Organización de Naciones Unidas (ONU) define la violencia contra la mujer como toda amenaza, coacción o acto de violencia de género que puede producir un daño, ya sea físico, sexual o psicológico para la mujer. En estos casos, normalmente, quien ejerce la violencia presenta actitudes y creencias sesgadas sobre los roles de género, configurándose como un elemento común y característico de este tipo de violencia ejercida por hombres hacia mujeres. Como bien afirmaba el Informe del Defensor del Pueblo de 1988: “No presentan una psicopatología específica sino más bien una serie de rasgos y actitudes propias y características del estereotipo masculino”.
El reconocimiento de la violencia de género es relativamente reciente, ha sido impulsado de la mano de multitud de organismos tanto nacionales como internacionales (ONU, OMS, Parlamento Europeo, Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer, Instituto de la Mujer, etc.), gracias al desarrollo normativo en esta materia y la toma de medidas antidiscriminatorias.
El fenómeno de la misoginia continúa muy presente en la sociedad, prueba de ello son los casos de violencia de género de los que hacen eco los medios de comunicación, prácticamente a diario. Mientras no cambien las bases ideológicas y sociales, los comportamientos violentos contra el género femenino continuarán provocando el sufrimiento de mujeres a nivel mundial con independencia de su edad, raza, religión, clase social o estado civil.
Autora: Paula Mateo Chueca