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Ordalía


Introducción

Las ordalías (también conocidas como Juicios de Dios) fueron unas prácticas ejercidas durante la antigüedad hasta bien avanzada la Edad Media, consistentes en averiguar por medio de pruebas, la culpabilidad o inocencia de un sujeto. El jurista e historiador Francisco Tomás y Valiente se refería a ellas de la siguiente manera: “consistía en invocar y en interpretar el juicio de la divinidad a través de mecanismos ritualizados y sensibles, de cuyo resultado se infería la inocencia o la culpabilidad del acusado”. Queda pues clara la influencia mágica y divina que rodeaba a este tipo de prácticas, algo lógico teniendo presente la época en la que se desarrollaban.

Hablamos de una institución jurídica que, pese a su simpleza y, en muchas ocasiones, salvajismo, servía para dictaminar si alguien quebraba alguna ley o no, si bien es cierto que estas pruebas eran ajenas al raciocinio, dejando todo en manos de lo divino. Sin embargo, hay que decir que se usaban en última instancia, cuando las pruebas testificales y/o documentales no aportaban nada o no existían. Quepa decir como curiosidad, que no solo las personas eran objeto de estas pruebas, los animales e incluso los objetos eran puestos a prueba.

A lo largo de estas líneas, se abordará la historia de las ordalías, para luego entrar más en los tipos concretos.

Historia

El origen etimológico del vocablo viene de los términos sajones “ordael” (sentencia) y “ordal” (juicio). Fue popularizado por el pueblo germánico tras la invasión del Imperio Romano Occidental. No obstante, hay que señalar que el origen de esta institución se pierde en la noche de los tiempos, ya en la Antigua Grecia existieron antecedentes de tales prácticas. También los romanos hacían uso de estas prácticas aunque les imprimían sus particularidades, siendo su característica principal el hecho de los resultados de las ordalías no eran vinculantes jurídicamente. No obstante, en las sociedades tradicionales, estos usos estaban impregnados de religiosidad, de modo que, al margen de la mecánica de su desarrollo, existía la convicción, más o menos consensuada, de que la providencia divina tutelaba su transcurso con vistas a un desenlace justo.

Tras la caída del Imperio Romano y posterior entrada en la Alta Edad Media, las ordalías se siguieron usando, tanto es así que La Iglesia dio a las ordalías igual tratamiento que el que recibieron otras costumbres bárbaras: el de la cristianización; enmascarando el sentido de las mismas al rodearlas de su liturgia.

No obstante, durante el transcurso del siglo XII el papa Alejandro III prohibió los juicios del agua hirviendo, del hierro candente e incluso los duelos de Dios, y el cuarto concilio Luterano, bajo el pontificado de Inocencio III, prohibió toda práctica de ordalía con la excepción de los combates: “Nadie puede bendecir, consagrar una prueba con agua hirviente o fría o con el hierro candente.» Pero, no obstante estas prohibiciones, la ordalía continuó practicándose durante la Edad Media, por lo que doce años después, durante un concilio en Tréveris, tuvo que renovarse la prohibición. Durante este tiempo los juicios por combate convivieron con otras prácticas jurídicas más civilizadas derivadas del Derecho Romano y su Corpus Iuris Civilis.

Tipos de ordalías

Prueba del agua hirviendo

Entre las prácticas más antiguas se encontraba el uso del agua hirviendo. Las variantes eran muy diversas, tanto las registradas en el Imperio Romano tardío como las datadas de la Alta Edad Media, sea como fuere, estamos ante posiblemente el Juicio de Dios más antiguo. Se utilizaba en supuestos de patrimonio y paternidad.

Esta prueba consistía en la recogida por parte del sospechoso de una piedra metida en una marmita de agua hirviendo, luego se le vendaban las manos y los brazos, dejando pasar unos días para luego inspeccionar su estado. La curación de las quemaduras indicaba la inocencia, mientras que la existencia de estas demostraban la culpabilidad.

Prueba del agua fría

Esta era utilizada principalmente para delatar a brujas, malhechores o gente relacionada con la magia (o lo que la que la gente de la época consideraba magia).

Esta prueba consistía en mandar al sujeto en cuestión cruzar un río, si lo lograba, era inocente. Es de entender que cruzarlo tendría su dificultad. Otra variante muy curiosa era lanzar al sujeto a un pozo, atado de pies y manos, si se hundía (cosa lógica) era inocente, pero si no, era culpable pues se decía que la persona era tan deleznable que ni el agua lo quería. Como ya se puede prever el inocente no podía disfrutar mucho de su estado pues acababa ahogado.

Prueba del hierro candente

Este Juicio de Dios, practicado contra mujeres causantes de delitos graves, consistía en agarrar un hierro al rojo vivo y caminar sosteniéndolo. El proceso a partir de aquí seguía las mismas pautas que la prueba del agua hirviendo.

Prueba de las brasas

En esta ordalía el sospechoso debía caminar a través de unas brasas, si no presentaba signos de quemaduras era declarado inocente.

Prueba de las aguas amargas

Se utilizaba en casos de presunto adulterio de la mujer. La acusada tomaba una pócima elaborada por el sacerdote, cuyos elementos eran agua bendita, tierra del Tabernáculo y un papel que contenía las siguientes palabras: “si no ha dormido contigo ninguno y si no te has descarriado, no has sido infiel a tu marido, índemne seas del agua amarga de la maldición; pero si te descarriaste y fuiste infiel, contaminándote y yaciendo con otro, Yavhé te maldice, entre esta agua de maldición en tus entrañas para hacer que tu vientre se hinche y se pudran tus muslos”.

Duelo judicial o juicio por combate

Esta prueba no tenía mas particularidad que la de elegir a un campeón que defendiera con la fuerza de las armas la inocencia del sospechoso. La ley germánica precisaba que esta forma de combate era consentida si la disputa se refería a campos, viñas o dinero, estaba prohibido insultarse y era necesario nombrar dos personas encargadas de decidir la causa con un duelo.

Prueba del veneno

Esta prueba, practicada sobre todo en lugares de África y Asía, especialmente en el primero, consistía en la ingesta de pócimas elaboradas por chamanes y cultores del lugar.

Bibliografía

Observaciones acerca del uso de las ordalías durante la Antigüedad Tardía (siglos IV-VII d.C.) Esteban Moreno Resano.

Cuadernos de historia del derecho, ISSN 1133-7613, Nº 21, 2014, págs. 167-188


Religión, derecho y ordalía en el mundo celtibérico: la federación de San Pedro Manrique y el ritual de las Móndidas , F. Javier Fernández Nieto

Palaeohispánica: Revista sobre lenguas y culturas de la Hispania antigua, ISSN 1578-5386, Nº. 5, 2005, págs. 585-618

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