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Ciudadanos

Ciudadanos”: Conjunto de individuos pertenecientes a una comunidad organizada, con una serie de derechos y obligaciones derivados de su pertenencia a la misma, y con capacidad de actuación individual o colectiva en un marco de convivencia generalmente aceptado.

Es posible dar varias definiciones del término “ciudadano”. Así, la Real Academia Española de la Lengua (RAE) establece varias acepciones para este concepto: “Natural o vecino de una ciudad”; “Perteneciente o relativo a la ciudad o a los ciudadanos”; “Habitante de las ciudades antiguas o de Estados modernos como sujeto de derechos políticos y que interviene, ejercitándolos, en el gobierno del país”; “Hombre bueno”; o “Aquel que en el pueblo de su domicilio tenía un estado medio entre el caballero y el trabajador manual”.

Cabe abordar el concepto de “ciudadano” desde diversas dimensiones: ciudadano político (el individuo que pertenece a una sociedad política [País, Estado, Nación] diferenciada de otras); ciudadano económico (aquel que participa significativamente en las decisiones económicas de un país, Estado…); ciudadano social (aquel con derecho a los bienes sociales, a servicios comunes como la educación, seguridad social…) y ciudadano cívico (hace referencia a un tipo ideal de “buen ciudadano” y a las competencias cívicas que éste debería tener, como son: responsabilidad y solidaridad; conocimiento de sus derechos y deberes, de las instituciones y su funcionamiento, participación activa y responsable dentro de la sociedad, etc.).

El significado del término “ciudadano” como miembro de pleno derecho de una Nación política quedó fijado primeramente en la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, de 26 de agosto de 1789, de la Asamblea Constituyente francesa, pudiendo extraerse de la misma que los ciudadanos, como miembros de la Nación política a la que pertenecen y en la que reside la soberanía, se consideran iguales ante la ley y con los mismos derechos y obligaciones. La condición de ciudadano vino a sustituir a la condición de vasallo (de un noble) o súbdito (de un rey). Debido a que la humanidad actualmente se halla distribuida entre todos los Estados que componen el orden internacional, todos los hombres son ciudadanos de alguno de los Estados reconocidos internacionalmente (o de más de uno, por ejemplo en los casos de personas que ostentan la doble nacionalidad). Por lo tanto, todo ciudadano lo es necesariamente de algún Estado en concreto (por ejemplo: ciudadano español), salvando el caso de los apátridas.

Hay también quien se considera “ciudadano del mundo”. La persona que defiende tal condición es aquella que desea trascender la división geopolítica que es inherente a las ciudadanías nacionales de los diferentes Estados y países soberanos. Al negarse a aceptar la identidad patriótica dictada por los gobiernos nacionales y afirmarse cada ciudadano como representante de sí mismo, el “ciudadano del mundo” afirma su independencia como ciudadano de la Tierra, del mundo, o el cosmos.

La condición de ciudadano también suele ser expresada mediante el sustantivo abstracto de “ciudadanía” (ejemplo: ciudadanía española). La “ciudadanía” es la condición que tienen las personas como ciudadanos de un país. Así, la “ciudadanía” es definida por la RAE como “Cualidad y derecho de ciudadano”, “Conjunto de los ciudadanos de un pueblo o nación” o “Comportamiento propio de un buen ciudadano”. Gracias a esta condición, el ciudadano obtiene una serie de derechos civiles (libertades individuales), políticos (participación en la vida pública: votar o ser elegido, participar en organizaciones políticas y sociales, ejercer plenamente las libertades y los derechos reconocidos por la ley…) y sociales (vivienda, salud, educación…); pero también una serie de deberes hacia la sociedad en la que vive (respetar los bienes públicos, pagar impuestos,…).

La ciudadanía se basa, por un lado, en un atributo que reconoce o concede el Estado. Por otro, parte del supuesto que los ciudadanos comparten unos valores y unas pautas de comportamiento que permiten la convivencia entre ellos y les dota de una identidad colectiva específica. El concepto de ciudadanía se ha forjado entre los siglos XVIII y XX mediante un proceso acumulativo. En una primera etapa, los ciudadanos son aquellos a los que se les reconoce un conjunto de derechos y libertades individuales, de naturaleza civil. En el siglo XIX la ciudadanía adquirió un carácter predominantemente político, siendo ciudadanos aquellos que gozaban de la plenitud de derechos políticos.

Como ejemplo de “ciudadanía” encontramos la “ciudadanía europea”. Ésta fue establecida por el Tratado de la Unión Europea (TUE), firmado en Maastricht el 7 de febrero de 1992. Este Tratado configuró la ciudadanía europea como una institución que se añadía a la ciudadanía nacional. El objetivo principal de la institucionalización de este nuevo status jurídico era, según manifestaron las instituciones comunitarias, reforzar y potenciar la identidad europea y posibilitar que los ciudadanos europeos participasen de forma más intensa en el proceso de integración comunitario. Todo ciudadano en posesión de la nacionalidad de un Estado miembro es también ciudadano de la Unión. Esta ciudadanía confiere nuevos derechos a los europeos, que son:

  • Derecho de libre circulación y residencia en la Comunidad,
  • Derecho a votar y a ser candidato en las elecciones europeas y municipales en el Estado de residencia,
  • Derecho a protección diplomática y consular de un Estado miembro distinto del de origen en el territorio de un país tercero en el que el Estado de origen no tenga representación,
  • Derecho de petición ante el Parlamento Europeo y a presentar una denuncia ante el Defensor del Pueblo Europeo.

Una muestra del desarrollo de la ciudadanía europea es la llamada “Europa de los ciudadanos”, objetivo que ya presenta algunos avances significativos, como la implantación de algunos símbolos y documentos de general utilización que representan una identidad europea común, véase la instauración del pasaporte europeo, el himno (“Himno a la alegría” de Beethoven), la bandera (un círculo de doce estrellas doradas sobre fondo azul) o el permiso de conducir europeo. Finalmente, el 9 de mayo se celebra el “Día de Europa”.

Por último, puede relacionarse el término de ciudadano y de ciudadanía con el de “nacionalidad” de un individuo respecto a un territorio en concreto (ejemplo: nacionalidad española). La nacionalidad es el vínculo jurídico que une a una persona con un determinado país. En este caso, el ciudadano sería el nacional de un país, no siéndolo por tanto el extranjero.

Vínculos

Bibliografía

“Ciudadano económico, ciudadano del Estado, ciudadano del mundo. Ética política en la era de la globalización”. OTFRIED HÖFFE. Katz, 2007.

Internet:

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